Whatsapp:
Marcos: Hola, como estas?
Carolina: Hola, bien, en clase.
Marcos: Bueno entonces te dejo.
Carolina. ¿Quieres que hablemos
luego?
Marcos: Si, luego hablamos mejor.
Carolina: ¿Y si nos vemos un
ratillo?
Marcos: Vale, ¿Te apetece que
comamos juntos?
Carolina: Ok, ¿cuando salga de la
facultad voy para tu casa?
Marcos: Si, vente, compramos un
pollo asado.
Carolina: Ok, sobre las 2,30
estoy allí.
Marcos: Ok, un besito.
-Me parece fatal que hables con
el Carol, ¿Ahora qué quiere? Que le pica ¿no? Es eso y encima mira que
romántico…un pollo asado… como sabe conquistarte…
- No se Luci, pero tampoco ha
pasado nada grave…
- Ya lo estas excusando… yo no sé
que te ha dado a ti con este niño… y con su pollo. En fin, vamos a acabar la practica y la entregamos ya.
14:45
Whastapp:
Carolina: ¡Vamos! ¡Sal, que estoy
en tu puerta!
Marcos: Voy, no te muevas de ahí.
Diez minutos mas tarde...
-¿Y esa cara?
- No se, es raro que después de tres días de no hablarnos este delante de ti tan normal.
-Pero a ver si tampoco ha pasado
nada… ¿no? No somos nada Carolina.
- Ya, tienes razón, pero me
sienta mal. ¿Cómo te sentirías tú?
- Anda déjalo pequeña… ya esta,
lo pasado, pasado está, todo está bien. Vamos a ir a por el mejor pollo asado del mundo, seguro
que nunca lo has probado, vamos, es aquí al lado.
Y callo…y trago saliva y siguió…como
si nada le afectase, porque por muy enfadada que estuviera, delante de el se
volvía endeble y lo único que quería es que la abrazase y le dijera: "Todo está
bien", ya estoy aquí. Cosa que solo surgía en la mente de Carolina.
Había perdonado una cobardía, la
primera huida de él ante una situación como la que había pasado.
- Pero, ¿Qué tiene ese pollo para
ser tan especial? Jajaja ni que fuera un manjar de dioses.
- Cuando lo pruebes vas a ver, es
con salsa de almendras, se me hace la boca agua. Me recuerda a cuando era
pequeño que iba todos los domingos a por ese pollo con el y lo comíamos en
casa.
- Entonces es por el recuerdo que
tienes asociado con el pollo, no porque el pollo este tremendo.
-¡Que no niña! Que eso es una
exquisitez.
-Bueno lo probaremos… pero como
no me guste…
- Si te va a gustar.
16:40
-
¿Qué? Buenísimo ¿no? Porque has dejado el plato
limpio.
-
Jajaja sí, he de decirte que estaba bastante
bueno, tenias razón.
-
Vente anda, deja eso ahí, vente conmigo.
-
¿Quieres siesta verdad?
-
Jaja, si, ¿se nota no?
-
Si. Anda recojo esto un poco y nos echamos un
ratillo.
-
Si, pongo el despertador, que tengo que ir
después a comprarle comida a la Chinchilla, ¿te vienes?
-
Si, ahora vemos. Pon una peli y nos echamos.
Ella siempre estaba dispuesta a hacer cualquier plan con él,
por simple que fuera y es que lo que importa es con quien compartas el momento,
no importa donde, pero al parecer eso solo estaba a vista de ella, para él era
un pasatiempo mas, un “qué hacer con quien para no ir solo”, muy distinto al “ir
con él” de Carolina.
Días atrás había pasado miedo, miedo por perderlo y pensar
que nunca mas le diría de hacer algo juntos.
Cuantas veces nos equivocamos en este sentido, hacer cosas
con otra persona, compartir momentos hace que la vida sea de una forma u otra y
no por no estar solo, si no porque esa persona te importa, ya sea un amigo/a,
una pareja o tu propia familia. Aprendemos a estar solos para algunas cosas al
igual que para otras lo hacemos acompañados, y no debemos confundir el ser
independiente en la vida, se puede ser de igual forma y compartir momentos, al
fin y al cabo somos personas y hay lazos y vínculos que nos estrechan.
Carolina pensaba que su vida no podía “ser” sin ser
compartida, tenía miedo a quedarse sola, a no tener a nadie a quien contarle
sus cosas al llegar a casa, al caminar por un parque sola sabiendo que al
destino al que llegaría también estaría sola. Y sola no se refería a una
pareja, si no a su propia familia, amigas/os, quedarse sola y no tener a quien
decirle el día de mañana: “Mi jefe es un cabrón”.
Eso si, quien realmente quiere compartir un momento o una
vida, no huye, se queda y afronta.
En la vida realmente estamos solos, nos hacemos solos y al
morir nos quedamos solos, el compartir momentos nos dan felicidad “momentánea”,
pero eso es a lo que llamamos vivir, a los pequeños momentos que nos dan la
felicidad y por los que ponemos ilusión y seguimos día a día, el hacer planes,
el querer crecer, querer viajar, querer
adquirir conocimientos, conocer gente, querer
vivir.
Lo que sus labios callaban era que quería compartir toda su
vida con él, como si no se acabase nunca, como si todos los días después de una
siesta sabía que harían algo mas, esa ilusión le hacía volver a creer en el
amor, en la amistad que hay antes de un amor y en cerrarle más los ojos ante
tanta adversidad, pensando que podría hacerlo cambiar antes de que volviera a
huir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario