jueves, 15 de enero de 2015

21. Todo está bien.

Whatsapp:

Marcos: Hola, como estas?
Carolina: Hola, bien, en clase.
Marcos: Bueno entonces te dejo.
Carolina. ¿Quieres que hablemos luego?
Marcos: Si, luego hablamos mejor.
Carolina: ¿Y si nos vemos un ratillo?
Marcos: Vale, ¿Te apetece que comamos juntos?
Carolina: Ok, ¿cuando salga de la facultad voy para tu casa?
Marcos: Si, vente, compramos un pollo asado.
Carolina: Ok, sobre las 2,30 estoy allí.
Marcos: Ok, un besito.

-Me parece fatal que hables con el Carol, ¿Ahora qué quiere? Que le pica ¿no? Es eso y encima mira que romántico…un pollo asado… como sabe conquistarte…

- No se Luci, pero tampoco ha pasado nada grave…

- Ya lo estas excusando… yo no sé que te ha dado a ti con este niño… y con su pollo. En fin, vamos a acabar la practica y la entregamos ya.

- Yo ya tengo el cuadro del excell. Te lo paso y lo hacemos en tu ordenador.

- ¡A ver las dos rubias cacatúas de atrás, que se callen por favor!


14:45

Whastapp:

Carolina: ¡Vamos! ¡Sal, que estoy en tu puerta!
Marcos: Voy, no te muevas de ahí.

Diez minutos mas tarde...

-¿Y esa cara?

- No se, es raro que después de tres días de no hablarnos este delante de ti tan normal.

-Pero a ver si tampoco ha pasado nada… ¿no? No somos nada Carolina.

- Ya, tienes razón, pero me sienta mal. ¿Cómo te sentirías tú?

- Anda déjalo pequeña… ya esta, lo pasado, pasado está, todo está bien. Vamos a ir a por el mejor pollo asado del mundo, seguro que nunca lo has probado, vamos, es aquí al lado.

Y callo…y trago saliva y siguió…como si nada le afectase, porque por muy enfadada que estuviera, delante de el se volvía endeble y lo único que quería es que la abrazase y le dijera: "Todo está bien", ya estoy aquí. Cosa que solo surgía en la mente de Carolina.

Había perdonado una cobardía, la primera huida de él ante una situación como la que había pasado.

- Pero, ¿Qué tiene ese pollo para ser tan especial? Jajaja ni que fuera un manjar de dioses.

- Cuando lo pruebes vas a ver, es con salsa de almendras, se me hace la boca agua. Me recuerda a cuando era pequeño que iba todos los domingos a por ese pollo con el y lo comíamos en casa.

- Entonces es por el recuerdo que tienes asociado con el pollo, no porque el pollo este tremendo.

-¡Que no niña! Que eso es una exquisitez.

-Bueno lo probaremos… pero como no me guste…

- Si te va a gustar.

16:40

-          ¿Qué? Buenísimo ¿no? Porque has dejado el plato limpio.

-          Jajaja sí, he de decirte que estaba bastante bueno, tenias razón.

-          Vente anda, deja eso ahí, vente conmigo.

-          ¿Quieres siesta verdad?

-          Jaja, si, ¿se nota no?

-          Si. Anda recojo esto un poco y nos echamos un ratillo.

-          Si, pongo el despertador, que tengo que ir después a comprarle comida a la Chinchilla, ¿te vienes?

-          Si, ahora vemos. Pon una peli y nos echamos.

Ella siempre estaba dispuesta a hacer cualquier plan con él, por simple que fuera y es que lo que importa es con quien compartas el momento, no importa donde, pero al parecer eso solo estaba a vista de ella, para él era un pasatiempo mas, un “qué hacer con quien para no ir solo”, muy distinto al “ir con él” de Carolina.

Días atrás había pasado miedo, miedo por perderlo y pensar que nunca mas le diría de hacer algo juntos.

Cuantas veces nos equivocamos en este sentido, hacer cosas con otra persona, compartir momentos hace que la vida sea de una forma u otra y no por no estar solo, si no porque esa persona te importa, ya sea un amigo/a, una pareja o tu propia familia. Aprendemos a estar solos para algunas cosas al igual que para otras lo hacemos acompañados, y no debemos confundir el ser independiente en la vida, se puede ser de igual forma y compartir momentos, al fin y al cabo somos personas y hay lazos y vínculos que nos estrechan.

Carolina pensaba que su vida no podía “ser” sin ser compartida, tenía miedo a quedarse sola, a no tener a nadie a quien contarle sus cosas al llegar a casa, al caminar por un parque sola sabiendo que al destino al que llegaría también estaría sola. Y sola no se refería a una pareja, si no a su propia familia, amigas/os, quedarse sola y no tener a quien decirle el día de mañana: “Mi jefe es un cabrón”.

Eso si, quien realmente quiere compartir un momento o una vida, no huye, se queda y afronta.

En la vida realmente estamos solos, nos hacemos solos y al morir nos quedamos solos, el compartir momentos nos dan felicidad “momentánea”, pero eso es a lo que llamamos vivir, a los pequeños momentos que nos dan la felicidad y por los que ponemos ilusión y seguimos día a día, el hacer planes, el querer crecer, querer viajar,  querer adquirir conocimientos,  conocer gente, querer vivir.



Lo que sus labios callaban era que quería compartir toda su vida con él, como si no se acabase nunca, como si todos los días después de una siesta sabía que harían algo mas, esa ilusión le hacía volver a creer en el amor, en la amistad que hay antes de un amor y en cerrarle más los ojos ante tanta adversidad, pensando que podría hacerlo cambiar antes de que volviera a huir.

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