jueves, 6 de noviembre de 2014

8. Nudo cuadrado

Quizás no sepáis que se llaman así a los nudos que toda niña hemos hecho de pequeña con los “macarrones” para hacer pulseras. Pues bien, esos  nudos son usados en la marina para un buen amarre. Tiene la particularidad de permitir unir dos cuerdas formando un ángulo de noventa grados entre ellas y a su vez hacer de bloqueo a modo de que ambas cuerdas queden fijadas.

08.00

- Que pocas ganas de ir a la facultad…

Whatsapp:

Marcos:
No puede ser verdad, eso seguro que no es así, no te puedes quedar así porque sí fuera, ya verás.
Supongo que te habrás quedado dormida. Descansa preciosa.
Carolina:
Buenos días, anoche me fui a la cama pronto, hoy madrugaba mucho para ir a la facultad a solucionar lo que pueda así que luego te contaré. Supongo que habrás trabajado esta noche. Descansa.

09.00

-¡Buenos días flor! ¡Oh vaya! Menuda cara, ni que hubieras dormido entre rosales.

-Hola pequeña, pues quizás entre rosales no, pero si como si me clavaran mil espinas. Creo que aun no te has enterado de lo que ha pasado.

-¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

- Pues que no eran rumores Lucía, que era verdad lo de que nos podíamos quedar fuera del curso.

-¡Venga ya! Eso no puede ser verdad. 

-Sí, voy ahora a secretaría a ver las listas, ¿Vienes?

-¡Sí! claro.

(Ya en la secretaría)

- Natalia, ¿Tu también?

-Menuda mierda tía, sí, estoy totalmente jodida, en  el puesto 362, no entro ni de coña. Mira la lista Carol, tú estarás por encima mío seguro.

- Joder, estoy en el 242, yo tampoco entraré. Lucia tú estás dentro, entraste en Junio sin problema, me alegro de verdad.

Las caras de decepción de Carolina y su compañera Natalia hablaban por si solas, en ese momento un becario que había trabajando en la secretaria las llamó.

- ¡Chicas venid! En la facultad ya nos olíamos algo de esto pero nunca pensamos que pasase tal desastre, pero os aseguro que las listas corren y muy rápido, porque muchas personas matriculadas se echan atrás y siempre podéis poner una reclamación e ir al defensor del estudiante con escritos y hoja de firmas para que amplíen el número de plazas en las aulas o den otra solución para que los estudiantes de la propia especialidad como vosotras no os quedes fuera.

- Pues claro que sí, no vais a tirar todo el trabajo de estos años por la borda, estáis a dos pasos de ser Licenciadas y como yo me llamo Lucía que lo vais a ser y no me vais a dejar sola en el acto de graduación con la banda puesta.

En ese mismo momento las dos se armaron de valor y decidieron luchar por lo que realmente querían, un buen futuro.

Se pusieron manos a la obra recogiendo firmas y realizando escritos a Decanato, Vicedecanato, rectores, profesorado y defensores de estudiantes, estaban dispuestas incluso a llevarlo a los medios de comunicación para que les fuese de mayor apoyo.

Pero como en todo, nunca se tiene a todo el mundo de lado. Conforme vas creciendo te vas dando cuenta de quién realmente está ahí, contigo, quien nunca lo estuvo y quien nunca lo estará.

Se recogieron unas cincuenta firmas, y eso no era nada para poder presentarlo ante una Universidad. Mucha gente de la propia facultad e incluso de su propia clase se apartaron de “ese lio” como algunos le llamaban, tiraron la toalla por ellos mismos, puesto que muchos estaban en la misma situación, y por sus compañeros que seguían luchando.

Hoy en día es triste, pero las cosas, la vida en general funciona así, yo voy a lo mío y si tengo que pisar a alguien por delante lo piso, por mi interés.

No obstante Carolina junto con Natalia y el gran apoyo de Lucia siguieron adelante.
En la facultad les dieron la opción de ir durante un año como “libres oyentes” es decir sin estar matriculadas, haciendo los exámenes y todo como si fuesen a clase normal, y al año siguiente, si todo salía bien y se podían matricular, pagarían las tasas e impuestos de los dos años seguidos y convalidarían las asignaturas ya cursadas.

Y así lo hicieron, mientras seguían protestando por su plaza como cualquier otro estudiante.

Sus dos compañeras eran su nudo cuadrado. Entre ambas sostenían con firmeza algo que se tambaleaba, el que Carolina no echase su futuro por alto. 


Lo que sus labios callaban era que tras esa lucha diaria las caídas eran grandes y muchas veces pensaba en tirar la toalla, eso de no saber, de estar haciendo algo “por amor al arte” sin saber si realmente podía continuar hacia que Carolina se viniera abajo una y otra vez aunque a veces a sus compañeras, familia o amigos no se lo demostrase. Pero el nudo estaba ahí y ella lo sabía mejor que nadie.

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